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Se confirmó daño genético por agroquímicos en una familia de Pergamino

En el grupo familiar, Sabrina Ortiz, de 35 años, tiene cuarenta y ocho partículas de glifosato y ampa en sangre, más de las que puede soportar el organismo; su hija, de 18 años, 100 veces más; y su hijo, de 6, 120.

Un informe realizado por la universidad de Río Cuarto arrojó resultados alarmantes. En el grupo familiar, Sabrina Ortiz, de 35 años, tiene cuarenta y ocho partículas de glifosato y ampa en sangre, más de las que puede soportar el organismo; su hija, de 18 años, 100 veces más; y su hijo, de 6, 120.

Sabrina Ortiz tiene 35 años y cuarenta y ocho partículas de glifosato y ampa en sangre, más de las que puede soportar el organismo. Su hija, de 18 años, posee 100 veces más que ella; y su hijo, de 6, 120 veces más. Los resultados de genotoxicidad, arrojados por la Universidad Nacional de Río Cuarto, se incorporaron a una causa penal por contaminación por agroquímicos en tres barrios de Pergamino, que se tramita en el Juzgado Federal de San Nicolás. Otros estudios complementarios también confirmaron la presencia de arsénico en la red de agua potable de la ciudad. “A pesar de las pruebas, el Estado sigue negando el problema”, aseveró Ortiz.

Y agregó: “Tenemos un tratamiento médico paliativo para las sintomatologías que van apareciendo, pero no hay un tratamiento para lo que sufren nuestros cuerpos”.

Según el informe, Sabrina tiene cuarenta y ocho veces más partículas de glifosato y ampa en sangre de las que puede soportar el organismo. También perdió un embarazo de cinco meses y tuvo dos ACV isquémico. “Podría haberme muerto ya”, resumió. Y añadió: “No tengo enfermedad de base. Sin embargo tengo problemas de salud desde el 2011. La mayor parte del tiempo son movimientos espasmódicos, secuelas mínimas, sintomatología aislada. Pero nunca sé qué está pasando en mi cuerpo, y eso es tremendo, porque tengo 35 años. Pensar esto es terrible, sobre todo porque mis hijos tienen lo mismo en el cuerpo y no puedo hacer nada para aliviar ese estado”.

La hija, de 18 años, desarrolló una ostiomielitis crónica recurrente, una enfermedad autoinmune que afecta a los huesos. La joven había empezado con este problema a los 13 años, pero recién se lo habían detectado en el último año, después de haberse realizado tres biopsias y de haberse sometido a medicamentos quimioterápicos.

“La primera vez le sacaron el quiste, pero, al mes, volvió a aparecer. Ella estuvo todo un año sin poder caminar, en sillas de rueda. Ahora tiene fibrosis en la tibia y el 20 de agosto debe operarse nuevamente”, detalló.

La situación de su hijo de 6 años es igual de preocupante. “Desde muy chiquito advertimos que, recurrentemente, tenía ganglios de cuello inflamados; se enfermaba mucho. Llegó a tener dos neumonías en un mes y bronquitis. Cuando le realizaron una ecografía de partes blandas, se detectó presencia de ganglios en cadena alrededor de la aorta, el cuello e intestinos por la presencia de agroquímicos”, explicó Sabrina.

Los agentes contaminantes genotóxicos en sus cuerpos habían producido una aberración cromosómica. Esto es la modificación de la estructura de los cromosomas por el daño genético. “Hace que las células copien esa información genética”, aclaró la referente de “Madres de barrios fumigados” de Pergamino.

El estudio de la Unrc señala, con claridad, que el daño genético “resulta de la exposición de las células a agentes contaminantes genotóxicos y puede asociarse al aumento en el riesgo de padecer efectos adversos en la salud”. Aun cuando estas afecciones ya han limitado enormemente la calidad de vida de la familia, el informe destaca que “el daño detectado puede ser reversible, si se elimina o disminuye el agente que lo causa, y, por lo tanto, descenderá el riesgo a desarrollar enfermedades”.

FUENTE: https://www.diariojunin.com/

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